Materiales que envejecen bien
Vidrio templado, aluminio anodizado y acabados en tonos arena. Nada que se vuelva amarillo con los años ni que obligue a repintar la pared al sustituir una pieza.
El primer prototipo nació de una molestia concreta: en un piso reformado de San Juan, cada interruptor tenía un acabado distinto y ninguno encajaba con la pared de yeso pintada en beige. Empezamos dibujando una tapa de vidrio mate que cubriera el mecanismo sin imitar la tecla clásica. De ahí salió la primera línea de pulsadores táctiles, todavía sin pantalla, solo con una franja de luz tenue que se encendía al acercar la mano.
Cuando los primeros clientes pidieron controlar también persianas y climatización, dejó de tener sentido separar el interruptor del resto. Rediseñamos la placa para alojar un módulo táctil de siete pulgadas dentro del mismo hueco de pared, manteniendo el vidrio mate y la iluminación de borde. La instalación sigue siendo la de siempre: caja estándar, sin obra adicional.
Probamos acabados pulidos y los descartamos. En una habitación con luz natural fuerte, cualquier superficie reflectante compite con la ventana y ensucia la lectura de la pantalla. El vidrio mate difumina el reflejo y deja que el contenido se lea sin subir el brillo. Esa elección condicionó después el resto de la gama: biseles finos, tonos cálidos y una paleta que va del hueso al arena.
Los sensores de aire y presencia llegaron más tarde, cuando quedó claro que una pantalla sola no resuelve nada si el resto de la casa no responde. Ahora los módulos comparten una misma lógica de escenas: la pantalla del salón, el pulsador del dormitorio y el sensor de techo hablan el mismo idioma. El resultado es una instalación que se entiende sin manual, incluso para quien entra por primera vez en la casa.
Hoy seguimos trabajando con talleres pequeños y series cortas, porque cada proyecto de interior tiene sus propios tonos y medidas. Esa escala nos permite ajustar el acabado de la placa al color exacto de la pared y entregar en plazos que una fábrica grande no maneja. La historia del proyecto es, en el fondo, la de aprender a desaparecer dentro del espacio que habitamos.
Peggy Coucke nació de una idea sencilla: la tecnología de una casa no debería obligar a nadie a cambiar su forma de vivir. Empezamos dibujando paneles táctiles para viviendas donde el interruptor de siempre quedaba fuera de lugar, y con los años el trabajo se amplió a una gama corta de pantallas de pared, interruptores y sensores que comparten el mismo lenguaje material.
Trabajamos con estudios de interiorismo, arquitectos y propietarios que reforman una vivienda y quieren resolver la instalación eléctrica antes de cerrar los tabiques. También con integradores que necesitan piezas discretas para proyectos donde el acabado importa tanto como la función. No hay un perfil único: nos llegan casas de campo con muros de piedra, pisos pequeños en ciudad y viviendas nuevas con instalación ya prevista.
Lo que comparten todos los encargos es una condición: la pieza tiene que integrarse en la pared sin pedir protagonismo. Por eso trabajamos con vidrio mate, marcos que se ajustan al tono del revestimiento y una luz de borde suave que solo aparece cuando hace falta. El panel se ve al acercarse, no al entrar en la habitación.
Vidrio templado, aluminio anodizado y acabados en tonos arena. Nada que se vuelva amarillo con los años ni que obligue a repintar la pared al sustituir una pieza.
Pantallas, interruptores y sensores comparten gestos y menús. Quien aprende a manejar un panel en el salón entiende el del dormitorio sin manual aparte.
Medidas compatibles con cajas y marcos habituales en obra europea. Si una reforma ya está en marcha, revisamos el montaje antes de fabricar la pieza.
La historia del proyecto sigue creciendo con cada instalación: ajustes de acabado, nuevas combinaciones de sensores y detalles que solo aparecen cuando se vive con la casa puesta. Si quieres conocer el enfoque antes de decidir nada, así empieza un encargo.