Cómo llegamos a las superficies que hoy se instalan en obra
La historia de Peggy Coucke empieza en un taller pequeño, con una idea incómoda: los interruptores y las pantallas de control casi siempre llegaban al final de la obra, cuando ya no había margen para decidir nada. Cambiar eso nos llevó varios años y algunos errores útiles.
Primeros prototipos en vidrio mate
El primer modelo funcional salió de una plancha de vidrio mate cortada a mano y un módulo de control que apenas cabía en el hueco estándar. La luz de borde era demasiado intensa, y en una habitación oscura el reflejo resultaba molesto. Ajustamos el difusor hasta que la iluminación dejó de competir con las lámparas de la casa.
La decisión de trabajar con medidas reales
En lugar de diseñar sobre planos idealizados, empezamos a medir muros terminados, cajas de instalación antiguas y paneles de madera ya colocados. Eso obligó a rehacer los anclajes y a estandarizar dos profundidades. Hoy la mayoría de las piezas encajan sin obra adicional, incluso en reformas donde el muro no está perfectamente a plomo.
Una misma lógica para toda la casa
Con el tiempo dejamos de tratar cada dispositivo por separado. Una pantalla, un interruptor táctil y un sensor de aire comparten ahora el mismo lenguaje de gestos y la misma respuesta de luz. Quien configura una habitación entiende el resto sin manual, y los escenarios se copian entre estancias sin reescribir nada.
Lo que aprendimos de los proyectos entregados
Las viviendas con más uso son las que menos funciones activan: luz, clima y persianas concentran casi todo. A partir de ahí redujimos menús y dejamos las automatizaciones avanzadas en segundo plano. Los sensores de calidad de aire siguen siendo la excepción, porque en cocinas y dormitorios la gente sí consulta los datos a diario.